lunes, 10 de agosto de 2020

LAS ESPÍAS DE SAN MARTÍN

 

 LAS ESPÍAS DE SAN MARTÍN


..."Mercedes Sánchez, Eulalia Calderón y Carmen Ureta, arriesgaron su vida por la Independencia y por eso, sus nombres pasaron a la historia. Aunque hubo muchas otras mujeres anónimas que, junto con algunos hombres, conformaron la red de espionaje y contraespionaje que posibilitó a San Martín cruzar los Andes y llevar adelante sus acciones libertadoras. Todo empezó en 1814. José de San Martín hacía poco que había asumido como gobernador de Cuyo cuando comenzaron a llegar los soldados chilenos que habían sido derrotados por los españoles en Rancagua. Esto representaba una amenaza para los planes del Libertador, ya que las posibilidades de que los realistas cruzaran la cordillera para invadirnos eran muy altas. 

De modo que San Martín trató de proteger las fronteras iniciando lo que se conoció como la “guerra de zapa”, que consistía en librar una verdadera guerra informativa y psicológica contra el enemigo para desorientarlo y confundirlo, haciendo circular mentiras, propagando rumores y entregándole información falsa, mientras al mismo tiempo, recababa datos imprescindibles.
Para eso, armó un eficaz sistema de emisarios que le permitía saber todo lo que sucedía en Chile. El cuartel general lo instaló en Mendoza, donde armó una red de casas “operativas” ubicadas en localidades estratégicas y que pertenecían a vecinos patriotas, que a su vez, eran bien vistos por las autoridades españolas. Gracias a ellos, obtenía información sobre los planes, las armas y los movimientos de las tropas realistas.
Creó, asimismo, una red de agentes, que incluso usaban nombres falsos, para recorrer el terreno y determinar las zonas donde era posible avanzar con sus soldados o combatir teniendo mayores ventajas.
El general ya tenía una estrategia para cruzar los Andes, pero necesitaba planos actualizados de los dos pasos que pensaba utilizar: Los Patos y Uspallata, por lo que mandó a Chile a uno de estos agentes, el mayor Álvarez Condarco, para que cruzara por el Paso de los Patos. El hombre tenía buena memoria y conocimientos de ingeniería, y San Martín confiaba en que iba a poder dibujar un plano del terreno. Pero como debían ocultarles estas intenciones a los realistas, ordenó también a Álvarez Condarco que le llevase al gobernador una copia de la Declaración de la Independencia. Como era previsible, el gobernador lo tomó como una ofensa e hizo quemar la Declaración para mandarla de regreso, junto con Álvarez Condarco, a través del paso más rápido: el de Uspallata. Esta operación le permitió a San Martín contar con los imprescindibles planos del territorio que más tarde atravesaría con su ejército, y hacerles llegar a los realistas datos falsos acerca de los lugares por donde planificaba cruzar los Andes.
En la guerra de zapa participaron mujeres como Eulalia Calderón, que pasaban datos desde postas, y como “la Chingolito”, que fue amante del representante de la Corona española en Chile y que ofició como una verdadera agente.
Las mujeres y hombres que actuaban como espías enviaban sus mensajes escritos en tinta invisible hecha con limón y que requerían de calor para ser leídos, o utilizaban un código numérico. Si los descubrían, corrían la peor de las suertes, ya que caían en manos del Tribunal de Vigilancia, a cargo de un oscuro y perverso comandante. Eso le sucedió a Águeda de Monasterio, que murió por los sufrimientos que le infringieron y cuyo cadáver prohibieron que fuese enterrado, como advertencia a todas las insolentes que se animaban a desafiar a las autoridades españolas.
Sin embargo, nada logró amedrentar a estas valientes espías y San Martín pudo completar con éxito su epopeya libertadora. Cuando todo terminó, algunas de las que lo hicieron posible, como Carmen Ureta, fueron condecoradas..."



“... MIS PLANES ESTÁN REDUCIDOS A CONTINUOS
CAMBIOS Y VARIACIONES SEGÚN OCURRENCIAS Y
NOTICIAS DEL ENEMIGO, CUYO JEFE EN MENDOZA
ES ASTUTO PARA OBSERVAR MI SITUACIÓN,
TENIENDO INNUMERABLES COMUNICACIONES Y
ESPÍAS INFILTRADOS ALREDEDOR DE MÍ...”.

FRAGMENTO DE UNA CARTA FIRMADA POR EL GOBERNADOR

MARCÓ DEL PONT (1817).


EXTRAÍDO DEL LIBRO:
FELIPE PIGNA: Mujeres insolentes de la historia 2. editorial Emecé

MÁS INFORMACIÓN:



ROL DE LAS MUJERES EN LA EPOPEYA SANMARTINIANA

ROL DE LAS MUJERES EN LA EPOPEYA SANMARTINIANA


La epopeya Sanmartiniana ocurrió gracias a la gran capacidad de planificación, organización y de liderazgo del general San Martín, pero contó con el apoyo de una parte fundamental de esta historia: las mujeres. Lejos de quedarse de brazos cruzados, las mujeres cuyanas le ofrecieron a la patria naciente todo lo que pudieran darle y colaboraron con la preparación de la cruzada libertadora. De levantar la cosecha a bordar la bandera de los Andes y la confección de uniformes de guerra. De ir al frente de batalla hasta criar hijos solas en un período donde no había ni luz. Ellas participaron  de la política de forma activa y entregaron su vida al sacrificio por la libertad al igual que los hombres. Sin distinción de razas y clase social, dieron lo que estaba a su alcance. Algunas colaboraban económicamente, otras con alimentos como barriles de vino, aguardiente, aceitunas, maíz y trigo y otras confeccionando ropa. No pasaba un día sin que dejara de llegar alguna mujer, a veces muy pobre, que había recorrido leguas de distancia para entregarle a San Martín un poncho para abrigar a un soldado. Sin importar la pobreza en la que estuvieran sumergidas, se las ingeniaban para hacer llegar al cuartel más cercano alguna donación que ayudara a los militares en su difícil empresa. También están aquellas que curaron a los soldados, que debido a los fuertes vientos la conjuntivitis dañaba los ojos y fueron ellas las que se los limpiaban con infusiones, curaron quebraduras, se metían en los campos de batalla para aliviar a los heridos. Tampoco hay que dejar de lado el trabajo que hicieron las mujeres cuyanas cuando los hombres partieron a la guerra. Y es que todas se dedicaron a mantener las fincas, a que los campos no dejaran de funcionar y a mantener sus hogares trabajando todo el día.


La Bandera de los Andes




Una de las colaboraciones más recordadas es la creación de la bandera de los Andes, la cual fue bordada por la esposa de San Martín, Remedios de Escalada; la Señora Dolores Prats de Huysi y por las manos de la niña Laureana Ferrari, Mercedes Alvarez y Margarita Corvalán.




 Las peladas de la corrupción


No fueron solo las patricias las que cosieron, también lo hicieron “las peladas de la corrupción” o “Las peladas corruptas”. Eran mujeres recluidas en los centros penitenciarios y sanitarios de la época. Se las conocía por ese apodo, debido a las prácticas éticas y de higiene que mandaban pelar a las mujeres recluidas. Ellas confeccionaron uniformes, capotes, orillaron mantas, talegas, alforjas y otros enseres. Ellas también fueron parte de esta historia, de ellas también un trozo de la gloria.





Una anécdota...



Laureana y Remedios paseaban por la Alameda. Remedios comentaba a Laureana las noticias que le había hecho llegar su esposo desde el frente de la guerra. Ella también temía, pero en su rostro, como una bandera, flameaba su sonrisa. Por la calle del Cariño Botao pasaron por la tienda de aquel hombre que les había vendido la sarga celeste. Entraron. El comerciante las recibió de buen agrado.–Seguramente encontrarán aquí lo que andan buscando.–No vinimos a comprar. Vinimos a agradecerle. El hombre puso cara de no entender.–¿Recuerda el trozo de sarga celeste que nos vendió unos días atrás?–Claro que lo recuerdo, señora. Parecían ustedes muy satisfechas con la tela.–Satisfechas y aliviadas. El General San Martín nos había encargado la bandera del ejército y no podíamos encontrar un paño celeste. Usted nos salvó. Quedó tieso el hombre con lo que terminaba de escuchar.
–¿Usted quiere decir que esa tela…la tela que yo les vendí… esa tela…sirvió para hacer la bandera?
–Así es mi amigo, ese trozo de tela que usted nos facilitó se habrá paseado orgulloso por el campo de Chacabuco, dentro de una bandera triunfante. Estará ahora en Santiago dando noticias de la libertad. Le reiteramos nuestro agradecimiento.
Se fueron. El comerciante quedó unos minutos tieso mirando la puerta. Después pegó un tremendo golpe con su puño sobre el mostrador de madera. 
Se dijo con enojo:–¡Y pensar que yo se lo cobré!
La mañana de Mendoza sonreía, no solamente en Mendoza, también en Chile, estaba empezando a ser celeste y blanco el sur de América.




Una valiente madre mendocina



Cercano a la ciudad de Mendoza está el campo “El Plumerillo”. Allí, el general San Martín, adiestra los batallones que días después atravesarán la mole andina, en pos de la libertad de Chile. Para la revista final de las tropas, San Martín se ha trasladado a la capital mendocina, vestida de fiesta para recibir al Gran Capitán. Un mendocino:
- ¡Qué hermoso es todo esto! ¡Cómo lucen los uniformes de los granaderos!
Una mendocina: - ¡Y qué bella se ve la bandera, ofrecida al general San Martín por las damas patricias. ! 
Un anciano: - ¡Con esta bandera al frente, nuestro ejército no perderá una sola batalla! 
Relator: - En este momento sale una mujer desde la multitud y se dirige hacia la tropa. 
En las filas del ejército libertador tiene a su esposo y a tres hijos.
La dama mendocina (avanza hacia ellos y los besa).
- ¡Qué Dios y la Virgen os protejan! Este escapulario que prendo en cada pecho será un escudo protector. ¡Nada de llanto! ¡Los valientes no lloran; solo saben luchar por su patria! ¡Ya veis: en mis ojos no hay una sola lágrima ! ¡Qué orgullosa estoy por haber dado a la Patria estos cuatro varones!
El general San Martín (se acerca a la esposa y madre ejemplar y conmovido, le estrecha fuertemente la mano)
- ¡Gracias, noble mujer! ¡Vuestro sacrificio no será en vano! ¿Ahora sé de donde sacan mis soldados tanta firmeza ! ¡Con madres como usted la Patria está salvada!



Las mujeres en el ejército de los Andes



A pesar de que San Martín no quería en sus ejércitos y en especial en el cruce de la cordillera que ellas estuvieran presentes, solamente quedó en una expresión de deseo porque también aquí la imagen de las mujeres se hizo fuerte y aunque la historia las relegó, hoy y siempre habrá un tiempo para rescatarlas y homenajearlas.


Pascuala Meneses:



Con solo 19 años, quiso colaborar con la causa independentista y se presentó ante el Ejército de los Andes para alistarse y cruzar los Andes, junto al general San Martín. Ella sabía que el Libertador no quería mujeres en tal riesgosa empresa como lo era cruzar la cordillera, así que optó por enrolarse como Pascual Meneses. 
Fue con un "ponchito a media cadera y un chifle de agua", a ofrecer sus servicios en el cuartel, conforme se les convocaba a los mozos para las cruzadas de la emancipación. Ella era tan pobre, hosca, huraña que estaba habitada por las necesidades a vivir en la intemperie, viajar a lomo de mula, era una baqueana de la Cordillera. Sin joyas, sin bien alguno y sin familia.

Según una de las anécdotas sobre Pascuala, se afirma que cuando todo estaba listo "para la de vámonos" conforme dijo el Jefe "sin que faltara un hombre en las filas ni un clavo en las herraduras", San Martín notó que le sobraban 130 sables. "El que ame el honor venga a tomarlos", escribió. Y concurrieron más de ciento treinta requeridos, ella era uno de ellos. Logró ser parte de la epopeya por poco tiempo. Ya en el camino de Uspallata, rumbo al valle de Aconcagua, su condición femenina fue descubierta y la obligaron a retornar a Mendoza.Pascuala retorna desnuda, tapada con un capote y unas botas.



Josefa Tenorio- Granadera y Abanderada del Ejercito Libertador:



Tuvo mejor suerte que Pascuala y logró su objetivo . Esclava de Gregoria Aguilar, cuando se enteró que, de ganar la guerra los realistas, todos los esclavos que habían sido declarados libres volverían a la esclavitud, decidió alistarse para prestar servicio en los Ejércitos de la Patria. Para ella su sexo no era impedimento para ser útil en las filas. Una vez llegada al campamento de El Plumerillo se le proveyó de uniforme de hombre, sable, pistola y montando su propio caballo se alistó en las fuerzas del general Juan Gregorio de Las Heras, quien le confió una bandera para que la llevase con honor. Agregada al cuerpo del comandante general de guerrillas, Toribio Dávalos, sufrió todo el rigor de la campaña.
Hay registros de una carta a San Martín en la que solicitaba su libertad. No es de conocimiento si pudo conseguirla, solo se sabe que el general escribió una carta recomendando su liberación.

Tampoco se  ha podido establecer cuándo ni dónde murió Sólo sabemos que luchó por la libertad de un continente y hoy puede ser recordada como Josefa Tenorio, la mujer que cruzó los Andes.




Martina Chapanay  Líder Revolucionaria y Chasqui del Ejercito Libertador






 Pigna, que le dedica dos páginas en su libro “Mujeres tenían que ser”, asegura que es hija de un huarpe y de una cautiva blanca. Martina colaboró con el General San Martín en la gesta del Cruce de Los Andes. “Se convirtió en una de las tantas y tantos chasquis que llevaban y traían mensajes entre las seis columnas del Ejército Libertador. Dicen que por muchos años lució con mucho orgullo una chaquetilla que dejaba constancia de aquellos gloriosos días”, dice Pigna.
Luego asegura que a los 22 años se unió a las huestes de Facundo Quiroga y peleó junto a él. Cuando el caudillo riojano fue asesinado, Martina volvió a San Juan.
Citando a Hugo Chumbita y su libro “Jinetes rebeldes”, cuenta: “Por diversión o por dinero, apostaba a montar potros indomables y se batía con los mejores cuchilleros. La Policía no podía contra ella”.
Pigna incluye el testimonio de un arriero, Pedro Bustamante, quien la describe así: “Como la Chapanay, amás de ser valiente y capaz, es generosa como no hay ejemplo en ninguno de los que mandan. Sucede que los hombres asaltados por ella le hacen concesiones antes de ponerla en el caso de hacer valer su fuerza. De este modo resulta que casi todos los asaltos tienen viso de legitimidad y todo el mundo a una voz dice La Chapanay roba y saltea por necesidad y por culpa del gobierno y nadie la odia, al contrario, todo el mundo la compadece”.
También peleó bajo el ala del Chacho Peñaloza, lo que le valió ser incorporada al ejército como sargento mayor. Pero al tiempo lo abandonó para militar junto a Severo Chumbita, que respondía al caudillo Felipe Varela. “Murió en 1887. Su tumba en Mogna, departamento Jáchal, sigue siendo lugar de culto”, cierra Pigna.


PARA LEER UN POCO MÁS:



/





MÁXIMAS DE SAN MARTÍN PARA MERCEDES

   


El general Don José de San Martín siempre deseó que su hija Mercedes fuese una buena persona. San Martín tenía y sentía una gran responsabilidad por la formación de su hija, por su crianza y sus estudios. Esto lo inspiró a escribir con un inmenso afecto, una serie de consejos que  tienen plena vigencia en la actualidad.

   En estas máximas , se observa la prioridad que le da, "El Libertador", al amor y al respeto, a la verdad y la confianza, a la dulzura y solidaridad, al cuidado personal, al culto por la amistad, al distinguido comportamiento social, además de destacar el patriotismo y la Libertad, como ejes para una vida plena y feliz. 

  En la escuela diariamente se trabaja con las normas de convivencia que involucran los vínculos sanos entre los pares, familia e institución, el respeto hacia los demás, el cuidado personal.


   Considerando el hecho de que San Martín, además de ser el Padre de la Patria, fue un padre de familia, creemos que es relevante contarles a los niños la historia de este gran hombre a través de las máximas a su hija Merceditas, haciendo un paralelo con aquellos consejos, valores que dan los padres a sus hijos



   En 1825  José de San Martín redactó doce máximas para su hija Mercedes Tomasa de San Martín, que tenía entonces 9 años. Quiso de esta manera contribuir a que Merceditas (que 2 años antes había quedado huérfana de madre) lograra alcanzar la felicidad en su vida.



1.- Humanizar el carácter y mostrarse sensible aun con los insectos.

2. Inspirar amor a la verdad y odio a la mentira.

3. Inspirar gran Confianza y Amistad, pero uniendo el respeto.

4. Estimular en Mercedes la caridad con los pobres.

5. Respeto sobre la propiedad ajena.

6. Acostumbrarla a guardar un secreto.

7. Inspirar sentimientos de indulgencia hacia todas las Religiones.

8. Dulzura con los criados, pobres y viejos.

9. Que hable poco y lo preciso.

10. Acostumbrarla a estar formal en la mesa.

11. Amor al aseo y desprecio al lujo.

12. Inspirarle amor por la Patria y por la Libertad.

VIDEO: MÁXIMAS DE SAN MARTÍN



CURIOSIDADES DE LA VIDA DE SAN MARTÍN

ESPECIAL SAN MARTÍN: ANÉCDOTAS



Ésta es la única fotografía  que existe de José de  San Martín. Se la tomaron en París en 1848, dos años antes de su muerte y cuando la técnica del daguerrotipo estaba en pleno auge.Su hija  Merceditas tubo que convencerlo para que posara.




La siguiente recopilación de anécdotas y otros  textos, con aspectos no tan conocidos del General  José de San Martín pueden ser disparadores de algún recorte para trabajar en el aula o para representar en el acto del 17 de agosto.



 San Martín niño


 José Francisco de San Martín nació en Yapeyú en 1778. Como era habitual en esa época, Gregoria, su madre, contó con ayuda de un ama para la crianza de sus hijos. Juana Cristaldo fue la india que se encargó de atender con celo y diligencia a José Francisco, de acompañarlo en el descubrimiento del mundo y de sacudirle la tierra colorada que se prendía a la ropa del niño cuando se caía.

Seguramente, sus oídos estaban acostumbrados a los sonidos de la selva, al oleaje del río, a los tacones de los milicianos durante los cambios de guardia.

Mitre planteaba que:
“[…] Sus compañeros de infancia fueron los pequeños indios y mestizos a cuyo lado empezó a descifrar el alfabeto en la escuela democrática del pueblo de Yapeyú […]”
Mitre, Bartolomé. Historia de San Martín y la emancipación americana. Buenos Aires: Anaconda, 1950, p. 59.

Por su parte,  Ricardo Rojas, en, “El Santo de la Espada”, dice: “Sobre la costa argentina del rio Uruguay, una mujer está a la sombra de árboles añosos, contemplando el agua serena corriente, mientras la luz del atardecer va declinando sobre el paisaje; esa mujer, todavía joven, tiene en su regazo a un hijo pequeño, que a ratos descabalga de las rodillas maternas para jugar en la floresta nativa. La madre es española, pero el niño es criollo, nacido en aquel mismo lugar de las indias, con la tez bronceada por el sol de américa, los ojos muy negros, los cabellos negros. Y aquella mujer contempla en sueños al vástago indiano, entre el boscaje natal que lo circunda, y torna a mirar el rio que corre majestuosamente, sin sospechar ella el tremendo porvenir del varón que su vientre ha dado al mundo”.

Como esos autores, debemos pensar que Gregoria Matorras de San Martín, muchas veces debió llegar hasta el río cercano con ese hijo en brazos, y como toda madre, seguramente deseó para él, un venturoso porvenir, aunque sin imaginar, el tremendo porvenir que lo aguardaba. Una antigua y siempre vigente tradición oral afirma que el niño José, tal como lo llamaban sus padres, y como él mismo firmaría siempre, omitiendo su segundo nombre, jugaba bajo la sombra del varias veces centenario ibapoí, o higuerón, que aún se mantiene en pié, muy cerca del templete.






Cuando contaba con cuatro años de edad, abandonó Yapeyú para establecerse en Buenos Aires. Se trató de un cambio brusco de ambiente y paisaje pero, a pesar de ello, pronto se adaptó a la nueva situación.

En una escuela de la ciudad cursó las primeras letras. Allí, según señala Sarmiento dividía a:
“[…] sus condiscípulos de escuela […] en bandos de guaraníes y portugueses, para hacer guerras infantiles como aquellas reales entre cuyo estrépito había nacido”.
Sarmiento, Domingo Faustino: Vida de San Martín. Buenos Aires, 1964.  

No es de extrañar que los juegos de la época fueran un teatro donde se representaban roles y guiones ligados a combates ya que, tanto en España como en América, los enemigos –moros en otro tiempo, ingleses, indios, portugueses- acechaban a la metrópoli española y a sus colonias. Seguramente José Francisco:
“[…] Oía con frecuencia contar a sus padres las historias de las pasadas guerras de la frontera con los portugueses […]. Su sueño infantil era con frecuencia turbado por las alarmas de los indios salvajes que asolaban las cercanías. […]”

Mitre, Bartolomé: Historia de San Martín y la emancipación americana, Buenos Aires, Anaconda, 1950, p. 59.

Fuentes:
Rescatando Lo Nuestro: Horacio Antúnez
Miembro Asociación Cultural Sanmartiniana.
https://www.tumercedes.com/noticia/36966
http://servicios2.abc.gov.ar/docentes/efemerides/especial_17agosto/htmls/nino/infancia.html


CUANDO ERA CHICO QUERÍA SER GRANDE-  JOSÉ DE SAN MARTÍN



San Martín y la música



Cabe destacar que éstos compositores de importancia, en general no aceptaban a cualquier alumno, por lo cual, las dotes musicales del Libertador deben haber sido notables.
San Martín cultivó y gustó de su arte. El coronel Félix de Olazábal cuenta en sus memorias que "después de elaborar un plan de combate, trazando mapas y otros elementos necesarios, pedía la guitarra a su asistente y así tonificaba su espíritu en la intimidad de su alma.

Las bandas que acompañaron al general San Martín

El Ejército de los Andes contó con dos bandas más o menos completas, en los batallones nº 8 y 11 de los Andes.
El músico chileno José Zapiola cuenta que en 1817 entró en Santiago el Ejército que a las órdenes de San Martín había triunfado en Chacabuco. Traía dos bandas regularmente organizadas, sobresaliendo la del batallón Nº 8, compuesta en su totalidad de negros africanos y criollos argentinos "Estas bandas eran superiores a la única que tenían los realistas en el batallón Chiloé, que era detestable"

La banda de los negros

En 1810, un rico hacendado de Medoza, don Rafael Vargas, había adquirido en Buenos Aires 16 esclavos y los envió a estudiar música.
Provistos de uniformes e instrumentos, animaban las fiestas y reuniones privadas de su amo, así como algunas festividades públicas.
Rafael Vargas donó al Ejército de los Andes la banda completa, con vestuarios e instrumentos. Los esclavos incorporados ganaban su libertad.

Las bandas del Ejército de los Andes

Las bandas acompañaron al Ejército en el paso de los Andes y desde la cuesta del Valle Hermoso, a la vista del territorio chileno, fueron las ejecutantes de nuestro Himno Nacional, que resonó en Chile como anuncio de su libertad.


El 22 de julio de 1817, San Martín y O'Higgins fundaron en Santiago una Academia de Música, dirigida por el teniente Antonio Martínez, que contó en un principio con 50 alumnos, provista con instrumentos traidos de Londres y Estados Unidos.

El repertorio de las bandas del Ejército de los Andes incluía danzas populares como la Sajuriana, el Cielito y el Cuando y también valses.

Fuente:
http://www.mdzol.com/opinion/487764-la-musica-en-la-historia-de-don-jose-de-san-
martin/



José de San Martín con su hija Mercedes en su casa de Boulogne Sur Mer, Francia



San Martín carpintero y jardinero

Era muy buen carpintero y ebanista. Esto lo practicó durante su exilio. Fabricaba mueblecitos para las muñecas de sus nietas a quienes dejaba llamarlo “el cosaco” por un gorro que usaba cuando trabajaba.
También practicó jardinería y horticultura en su casa de Grand Bourg, muy cerca de París, por entonces una zona casi campestre. Allí se dedicaba junto a sus nietas al cultivo de flores, plantas y hortalizas que abastecían a la familia. Estaba muy atento a la llegada de la primavera luego de los hostiles inviernos parisinos, temiendo por la suerte de sus cultivos.

Fuente : “La voz del Gran Jefe”,Felipe Pigna 

EL SAN MARTÍN QUE NO CONOCEMOS.
Texto de Adrián Santos

Su comida preferida era el asado, que casi siempre comía con un sólo cubierto: el cuchillo. Era muy hábil en comer así. Solía morder un pedazo de carne, y como los paisanos, cortaba el sobrante con un cuchillo afilado. ¡Había quienes se maravillaban que no se cortara la nariz!
No le gustaba el mate. Pero era un apasionado del café. Y como era muy "pillo", conocedor íntimo del alma del soldado, para no "desairar" a sus muchachos, tomaba café con mate y bombilla.
Conocía mucho de vinos. Y podía reconocer su origen con sólo saborearlo.
Era un empedernido fumador de tabaco negro, que el mismo picaba, para luego prepararse sus cigarros.
Era muy buen jugador de ajedrez, y realmente era muy difícil ganarle.
Se remendaba su propia ropa. Era habitual verlo sentado con aguja e hilo, cosiendo sus botones flojos o remendando un desgarro de su capote, el cual, abundaba de ellos.
Usaba sus botas hasta casi dejarlas inservibles. Más de un vez las mandaba a algún zapatero remendón, para que les hagan taco y suela nuevos.
Predicaba con el ejemplo. El mismo enseñaba el manejo de cada una de las armas, como lo atestiguan las melladuras del filo de su Corvo, inigualable instrumento de enseñanza de la esgrima. Y jamás, daba una orden a sus subordinados, que él mismo no pudiera cumplir.
Su palabra era santa, y para sus hombres era ley.
Era muy buen pintor de marinas. Él mismo decía que si no se hubiera dedicado a la milicia, bien podría haberse ganado la vida pintando cuadros.
Era muy buen guitarrista, habiendo estudiado en España con uno de los mejores maestros de su época.
Hablaba inglés, francés, italiano, y obviamente español, con un pronunciado acento andaluz.
Tenía la costumbre de aparecerse por el rancho, y pedirle al cocinero que le diera de probar la comida que luego comería la tropa. Quería saber si era buena la comida de sus muchachos. Y allí mismo, en la cocina, la comía de parado.
Luego de comer, dormía una siesta corta, de no más de una hora, para luego levantarse y volver al trabajo.
Aquella famosa frase Sanmartiniana que dice: "De lo que mis Granaderos son capaces, sólo lo sé yo. Quién los iguale habrá, quién los exceda, no", originalmente era "De lo que mis muchachos son capaces...".
En Campaña, era el último en acostarse, después de cerciorarse que todos los puestos de guardia estuviesen cubiertos, y el resto de la tropa descansando. Y para cuando empezaba a clarear el sol en el horizonte, hacía rato que el General contemplaba el alba.

El rostro del Gral. San Martín en Realidad Digital. 

Imagen diseñada en base a a cuadros y daguerrotipos , Un desarrollo fantástico de miles de horas hombre aplicado a su realización.
Sus creadores, los diseñadores  Ramiro Ghigliazza y  Beto Ritta lograron generar una imagen prácticamente real del rostro el Libertador de América, el General Don Jose de San Martin.


 


Extraido de https://salaamarilla2009.blogspot.com/2018/08/curiosidades-en-la-vida-de-jose-de-san.html

sábado, 8 de agosto de 2020

JOSÉ DE SAN MARTÍN: RECURSOS

TE INVITO A DISFRUTAR DE ESTE MATERIAL PARA CONOCER LA VIDA DE JOSÉ DE SAN MARTÍN, EL PADRE DE LA PATRIA.





Hecho con Padlet

jueves, 6 de agosto de 2020

CUENTO: "SAPO VERDE" DE GRACIELA MONTES





SAPO VERDE




Humberto estaba muy triste entre los yuyos del charco.
Ni ganas de saltar tenía. Y es que le habían contado que las mariposas del Jazmín de Enfrente andaban diciendo que él era sapo feúcho, feísimo y refeo.
—Feúcho puede ser —dijo, mirándose en el agua oscura—, pero tanto como refeo... Para mí que exageran... Los ojos un poquitito saltones, eso sí. La piel un poco gruesa, eso también. Pero ¡qué sonrisa!
Y después de mirarse un rato le comentó a una mosca curiosa pero prudente que andaba dándole vueltas sin acercarse demasiado:
—Lo que a mí me faltan son colores. ¿No te parece? Verde, verde, todo verde. Porque pensándolo bien, si tuviese colores sería igualito, igualito a las mariposas.
La mosca, por las dudas, no hizo ningún comentario.
Y Humberto se puso la boina y salió corriendo a buscar colores al Almacén de los Bichos.
Timoteo, uno de los ratones más atentos que se vieron nunca, lo recibió, como siempre, con muchas palabras:
—¿Qué lo trae por aquí, Humberto? ¿Anda buscando fosforitos para cantar de noche? A propósito, tengo una boina a cuadros que le va a venir de perlas.
—Nada de eso, Timoteo. Ando necesitando colores.
—¿Piensa pintar la casa?
—Usted ni se imagina, Timoteo, ni se imagina.
Y Humberto se llevó el azul, el amarillo, el colorado, el fucsia y el anaranjado. El verde no, porque ¿para qué puede querer más verde un sapo verde?
En cuanto llegó al charco se sacó la boina, se preparó un pincel con pastos secos y empezó: una pata azul, la otra anaranjada, una mancha amarilla en la cabeza, una estrellita colorada en el lomo, el buche fucsia. Cada tanto se echaba una ojeadita en el espejo del charco.
Cuando terminó tenía más colorinches que la más pintona de las mariposas. Y entonces sí que se puso contento el sapo Humberto: no le quedaba ni un cachito de verde. ¡Igualito a las mariposas!
Tan alegre estaba y tanto saltó que las mariposas del Jazmín lo vieron y se vinieron en bandada para el charco.
—Más que refeo. ¡Refeísimo! —dijo una de pintitas azules, tapándose los ojos con las patas.
—¡Feón! ¡Contrafeo al resto! —terminó otra, sacudiendo las antenas con las carcajadas.
—Además de sapo, y feo, mal vestido —dijo una de negro, muy elegante.
—Lo único que falta es que quiera volar —se burló otra desde el aire.
¡Pobre Humberto! Y él que estaba tan contento con su corbatita fucsia.
Tanta vergüenza sintió que se tiró al charco para esconderse, y se quedó un rato largo en el fondo, mirando cómo el agua le borraba los colores.
Cuando salió todo verde, como siempre, todavía estaban las mariposas riéndose como locas.
—¡Sa-po verde! ¡Sa-po verde!
La que no se le paraba en la cabeza le hacía cosquillas en las patas.
Pero en eso pasó una calandria, una calandria lindísima, linda con ganas, tan requetelinda, que las mariposas se callaron para mirarla revolotear entre los yuyos.
Al ver el charco bajó para tomar un poco de agua y peinarse las plumas con el pico, y lo vio a Humberto en la orilla, verde, tristón y solo. Entonces dijo en voz bien alta:
—¡Qué sapo tan buen mozo! ¡Y qué bien le sienta el verde!
Humberto le dio las gracias con su sonrisa gigante de sapo y las mariposas del Jazmín perdieron los colores de pura vergüenza, y así anduvieron, caiduchas y transparentes, todo el verano.

FIN ✿◕‿◕✿

CUENTO COMPLETO:



lunes, 3 de agosto de 2020

CUENTO: " CUANDO SEA GRANDE " DE ELSA BORNEMAN


 Andrea Paola Hernandez


Cuento: “Cuando sea grande", de Elsa Bornemann




DERECHOS DE LA INFANCIA: AUTONOMÍA Y PROTECCIÓN

"¿Qué vas a ser cuando seas grande?", me pregunta todo el mundo. Y aparte de contestarles: "Astrónomo" (o "colectivero del espacio"…, porque nunca se sabe…), tengo ganas de agregar otra verdad: "Cuando sea grande voy a tratar de no olvidarme de que una vez fui chico. "
Recuerdo que —cuando aún concurría al jardín de infantes— mi tía Ona me contó un cuento de gigantes. Después me mostró una lámina en la que aparecían tres y me dijo:
—Los gigantes sólo existen en los libros de cuentos.
—¡No es cierto! —grité—. ¡El mundo está lleno de gigantes!
¡Para los nenes como yo, todas las personas mayores son gigantes!
A mi papá le llego hasta las rodillas. Tiene que alzarme a upa para que yo pueda ver el color de sus ojos… Mi mamá se agacha para que yo le dé un beso en la mejilla… En un zapato de mi abuelo me caben los dos pies…
¡Y todavía sobra lugar para los pies de mi hermanita!
Además, yo vivo en una casa hecha para gigantes: si me paro junto a la mesa de la sala, la tabla me tapa la nariz…
Para sentarme en una silla de la cocina debo treparme como un mono, y una vez sentado, necesito dos almohadones debajo de la cola para comer cómodamente.
No puedo encender la luz en ningún cuarto, porque no alcanzo los interruptores. Ni siquiera puedo tocar el timbre de entrada. Y por más que me ponga de puntillas, ¡no veo mi cara en el espejo del baño!
Por eso, ¡cómo me gusta cuando mi papi me lleva montado sobre sus hombros! ¡Hasta puedo arrancar ramitas de los árboles con sólo estirar el brazo!
Por eso, ¡cómo me gustaba ir al jardín de infantes!
Allí hay mesas, sillas, armarios, construidos especialmente para los nenes.
Las mesas son "mesitas"; las sillas son "sillitas"; los armarios son "armaritos"…
¡Hasta los cubiertos son pequeños y mis manos pueden manejarlos fácilmente! También hay una casita edificada de acuerdo con nuestro tamaño. Si me subo a un banco, ¡puedo tocar el techo!
Sí. Ya sé que también yo voy a ser un gigante: cuando crezca.
¡Pero falta tanto tiempo!
Entre tanto, quiero que las personas mayores se den cuenta de que hoy soy chico, chiquito, chiquitito.
¡Chico, chiquito, chiquitito, en un mundo tan grande!
De gigantes. Hecho por gigantes.
Y para gigantes.


FIN ✿◕‿◕✿

“Cuando sea grande”,
del libro El niño envuelto, de Elsa Bornemann.
© Ediciones Orión